La Castellanidad comienza a forjarse en el siglo IX, antes del
año 884, cuando Alfonso III ordena el poblamiento y la defensa de Ubierna.
Nace aquí y comienza a crecer un pueblo convencido de la categoría
de su Fe cristiana y de su derecho a una Patria recuperada en la que el hombre
sea libre e igual. Toda una corriente humana avanza de Norte a Sur entre el
Ebro y el Carrión. Es Castilla que tiene ideales y brazos para cumplirlos,
a pesar del sacrificio de sudor que supone roturar campos yermos y de defenderlos
con sangre ante la permanente acometida del invasor árabe.
El pueblo del Alfoz de Ubierna, luego Merindad, es característico de
los labradores de Castilla, cosecheros de trigo en las difíciles tierras
del páramo y en las más blandas de las orillas del río
Ubierna, en cuyo cauce sabrán instalar molinos para obtener una harina
blanca que será pan en los hornos comunales. Este pueblo comienza a
modular su propio idioma y a vivir unas costumbres que rompen la monotonía
de la vida con sus bailes y canciones.
La división de la Castilla condal en Alfoces fue práctica y
positiva durante los siglos IX y X. Fue una administración de tipo
militar que, cuando Castilla repasó el Duero y se asomó a la
meseta inferior de España, perdió parte de su razón y
exigió otro espacio administrativo de más amplitud que fueron
las Comunidades de Villa y Tierra al Sur y las Merindades al Norte.
La Merindad es una parte del reino de Castilla que gobierna un mesino, un
delegado del Rey que entiende y resuelve asuntos administrativos, fiscales
y judiciales.
Así aparece la Merindad de Burgos con Ubierna que se compone de los
dos Alfoces de Burgos y de Ubierna. Es una Merindad de doble titularidad,
que reúna 121 villas en 1.367 Km2. En ella está Quintanaortuño,
pero no Quintanarruz ni Lermilla, que pertenecen a la Merindad de la Bureba.
Con los siglos, como ocurre con todas las instituciones, la Merindad hubo
de cambiar, en este caso por el creciente centralismo de los gobiernos regios.
Así, la Merindad de Burgos con Ubierna es dividida y nos hallamos ante
la Merindad de Ubierna que vuelve a ser el primitivo Alfoz del siglo IX. Así
lo vemos en el censo de 1591 en el que esta Merindad está poblada por
833 vecinos, 4.000 habitantes aproximadamente.
Avanza el tiempo y en el siglo XVIII se olvida la Merindad y aparece la Jurisdicción
de Ubierna con el espacio ampliado por la incorporación de varias villas.
En esta época todas las localidades, excepto tres, vivían en
el Régimen de Realengo, el resto bajo el Régimen Señorial
en su vertiente eclesiástica.
En el siglo XIX se suprimen los señoríos y son constituidos
en Ayuntamientos todos los pueblos que cuenten con 30 vecinos. Se configuraron
las actuales provincias y partidos judiciales y, en nuestro caso, Quintanarruz
y Lermilla siguen en la Bureba cuya cabecera pasa a ser Briviesca.
Este esquema, iniciado en 1812 (Cortes de Cádiz) y ultimado en 1833,
mostró pronto la debilidad de tantos y tan pequeños Ayuntamientos;
comenzando pronto unas progresivas fusiones que, a mediados del siglo XX se
hicieron urgentes. Para cuando se determinó la fusión en Merindad
de Río Ubierna de los municipios pertinentes, algunos ya se habían
agrupado; mencionemos el caso de Gredilla la Polera que había absorbido
Castrillo de Rucios, Mata, Robredo de la Sierra y Villalvilla Sobresierra.
En esta línea fundamental de la Jurisdicción de y sobre los
Villazgos, lo que primero se aprecia es la mayoritaria coincidencia en una
misma administración de las entidades que hoy forman la Merindad. Y
esto desde el siglo IX. No puede extrañarnos esta inercia si reparamos
en que los principios y condiciones que la animan están la CASTELLANIDAD
y las semejanzas geoeconómicas de su vida y ambiente.