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Cultura

CERNÉGULA; EL PUEBLO DE LAS BRUJAS.

(Leyendas cántabras que hablan de las brujas de Cernégula)
Las brujas de Ongayo.

Todos los Sábados las brujas de Cantabria... tras churrar (uuuyyyy!)... en las cenizas del hogar y al grito de... "¡Sin Dios y sin Santa María, por la chimenea arriba!"... parten volando en escobas o transformadas en cárabos... rumbo a Cernégula... pueblo de Burgos donde celebran sus reuniones brujeriles alrededor de un espino... para... luego del bailoteo, chapuzarse en una charca de agua helada... Otras más correntonas... amanecen en Sevilla al pie de la Torre del Oro.

Se dice que en una gruta cercana a Suances... junto a una bolera de oro soterrada... Allí, las brujas celebran su aquelarre... o parten en humeante enjambre hacia Cernégula... lo que explica el cantar:

"De la cueva de Ongayo salió una bruja con la greña caída y otra "brujuca". Al llegar a Cernégula ¡válgame el cielo! un diablo cornudo bailó con ellas. Por el Redentor, por Santa María, con el rabo ardiendo ¡cómo bailarían...!"


Cernégula y las brujas.


Todos los sábados del año, por la noche, las brujas montañesas salen volando chimenea arriba, montadas en escobas o transformadas en cárabos, rumbo a Cernégula, pueblo de la provincia de Burgos, donde celebran sus reuniones y sus ritos, las brujas allí reunidas se untan con un compuesto a base de hierbas frías, hierba mora, mandrágora y otras hierbas que producen visiones agradables.
Cuando regresan de sus reuniones en Cernégula se reúnen en cónclave; en él se exige a todas las brujas cántabras que relaten cuantas maldades hayan cometido durante la semana. Tales encuentros no llegan a ser akelarres, tan solo son pequeñas reuniones.

Historias de brujas que cuentan en el pueblo.
. La charca de Cernégula tiene unos 5.000 metros cuadrados de superficie. Por la zona más profunda alcanza los cuatro o cinco metros y algo más de un metro por el extremo que menos. En invierno, la charla está a rebosar y el nivel baja en verano, pero nunca se ha conocido seca. Aunque la charca de las brujas es la más extensa y popular, no es la única de la zona, a unos tres kilómetros está la llamada charca "venta la perra", más pequeña y menos profunda, pero que también tiene agua todo el año, y una tercera conocida con el nombre de "pila vieja". En todos los casos, constituyen un hábitat adecuado para la fauna de la zona. Esta profusión de agua puede ser el origen de que en pocos kilómetros se levantaran antiguamente cinco pueblo. Aunque hoy solo se mantiene Cernégula, hubo otros cuatro: Pozorrubio, Moreco de Ontalba, Los Casares y Cernauliga, de los que solo se conservan ruinas y éstas son apenas perceptibles para quien no sepa de su existencia. Según cuenta la leyenda, por Pozorrubio pasaban los arrieron y se acercaban hasta las charcas a dar de beber a sus animales. Pero sucedió que una vez desaparecieron las bestias. De boca en boca ha ido corriendo esa historia, como otra que dice que las brujas llegaban desde Cantabria y que se reunían en medio de esta charca de Cernégula para hacer sus aquelarres y que pudieron ser ellas quienes hicieran desaparecer en aquella ocasión los animales. Pero no se acaban las leyenda, una más dice que cuando las mujeres quedaban embarazadas ponían ramos de ajos o cardos para aumentar a las brujas. Si te echaban el mal de ojo, mejor no pensar en lo que podía pasar en adelante. Eso es lo que siempre ha oido el alcalde a su madre y a su abuela y es lo que él cuenta ahora a su nietecita.
El pastor del páramo; historias de un pastor de Cernégula.

"PEÑA, Justo y ZAVALA, Antonio. El pastor del páramo Sendoa. Oiartzun 1995 2 vols. de 177 y 213 p. 8º mayor (19 cm) Fotografías bn. Col. Narrativa Popular Nº 9 y 10. Cernégula-Burgos. Justo Peña Fernández (1919-1993). Esta autobiografía de Justo Peña Fernández, tiene como escenario, dentro de la provincia de Burgos, o bien las anchas espaldas del páramo de Masa o bien las aldeas que se esconden a su pie. El señor Justo, pastor y último representante de muchas generaciones de pastores, nos hace ver que no es el suyo un oficio tan simple y bucólico como las gentes de ciudad a veces pensamos. Requiere, por una parte, un cúmulo de conocimientos variados y precisos que bien pueden calificarse de auténtica cultura; y, por otra, una incesante vigilancia contra las dificultades y enemigos que de continuo les acechan; por ejemplo el lobo, en muchos casos verdadero antagonista del narrador de estos relatos. Relatos que nos muestran un género de vida semejante sin duda al que en esta misma tierra, hace un millar de años, llevaban las gentes en cuyos labios empezaba a balbucir la lengua castellana. 3200 Pts. (Ref.3486)